Las lesiones

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Esas grandes enemigas que aparecen siempre cuando en mejor forma estás. Esto es lo que me pasó en diciembre.
Septiembre había finalizado. Vuelta a lo de siempre y al frío del invierno, por lo que empezamos con un cambio de rutina en el gimnasio para quitar los excesos (más bien pocos) del veranito.
Llegó octubre y Javi decidió que era el momento de girar un poco más la tuerca y cambiar a una rutina con más repeticiones y aumentando el peso. Habíamos pasado a un “palabras mayores”. En cuanto a la dieta, también le dimos un giro, para conseguir resultados, hay que hacer cambios. Que el cuerpo no se acostumbre. Pero cuando llevaba  un par de semanas con estos cambios que me estaban sentado super bien y estaba en todo lo alto, llegó él. El síncope vasovagal.

Según el doctor, Francisco Vivancos, “El síncope neuromediado o vasovagal es una pérdida de conciencia transitoria con recuperación espontánea, que no deja secuelas y que está originado por una disminución del flujo sanguíneo cerebral”.

Es la forma más común de desmayo. Diversas situaciones estimulan el nervio vago, lo que ocasiona una reducción de la frecuencia cardíaca y una dilatación de los vasos sanguíneos del cuerpo por mediación del sistema parasimpático. La frecuencia cardíaca lenta y los vasos sanguíneos dilatados hacen que llegue menos cantidad de sangre al cerebro, provocando así el desmayo.

El síncope vasovagal es de tipo reflejo. Existen síncopes situacionales que ocurren en momentos como al orinar, defecar, deglutir o toser. Las causas del síncope no se han entendido por completo pero se cree que se presentan en personas con una carga venosa periférica excesiva, lo que produce una caída súbita del retorno venoso periférico.

O lo que es lo mismo, perdí el conocimiento, me desmayé, me caí al suelo y me desperté en un charco de sangre.

sonia-nariz-rota

José llamó a la ambulancia, vinieron, me llevaron a urgencias y me hicieron todas las pruebas; electro, analítica, escaner y rayos x en la rodilla ya que me dolía muchísimo.
El diagnóstico, rotura de nariz. El resto de pruebas, nada a destacar.

A última hora de la tarde pasaron el otorrino y su residente por el box a colocarme la nariz en su sitio ya que la tenía torcida hacía un lado. Me hicieron daño, pero no todo el que esperaba, así que me dieron el alta y me fuí contenta a casa y con mi férula en la nariz.

Lo peor estaba por llegar. A la semana de recibir el alta, fui a mi médico de cabecera a por el alta y en la consulta, me quitó la férula para verme la nariz. La cara y el comentario de mi padre fueron muy reveladores: “esa nariz está muy torcida ¿no?”
Al salir de la consulta, me fui directa al baño para verme la nariz y cuál fue mi sorpresa, que era cierto el mote que me habían puesto mis amigos: “La potro de Valdegastea” Joder!! Tenía la nariz como Poli Díaz. No me podía quedar así.

Llamé a un cirujano plástico que me recomendó una amiga y esa misma tarde me atendió en su consulta. Nada más verme la férula me dijo, “pero ¿que te han puesto ahí?” Me la quitó y me dijo que no me habían hecho nada, que seguía teniendo el hueso levantado y girado y el tabique desviado. Su siguiente pregunta fue inquietante: ¿quieres que te la coloque en su sitio?

Madre mía que dolor!! Creí que me daba algo. No os voy a contar como fue por si hay algún aprensivo o aprensiva. Vi a Dios, a María al niño y a todo el séquito celestial, pero gracias al doctor Antonio Bazán, ahora vuelvo a tener la nariz como la tenía antes del síncope.

Desde aquí, quiero dar las gracias a esos dos ineptos de médico y residente por el buen trabajo y profesionalidad con la que me trataron. No son conscientes de que juegan con las personas. Si es una mano, una oreja o un pie, no me hubiese importado tanto, pero coño!! que es la cara. Mi cara!!

A este percance, se le sumó que dos semanas después, empezó a darme guerra la rodilla con la que caí, así que resonancia por aquí, pruebas por allí… En fin, todo diciembre perdido. Un mes y medio sin entrenar…eso fue lo peor. Pero menos mal que ya ha pasado y hoy, 8 de febrero, puedo decir que llevo un mes y 8 días entrenando como en el punto en el que lo dejé. A tope y a mil.
Las lesiones nunca vienen bien, y son las peores enemigas para la gente que hacemos deporte, pero hay que tomarlas de la mejor forma posible porque si no, te vienes abajo.

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